SEGURIDAD CIUDADANA

Territorio de Paz

El Ecuador es históricamente un territorio de paz. Los conflictos y la violencia de otros países, como nuestros vecinos del norte y del sur, han sido considerados ajenos a nuestra cultura. Los conflictos, especialmente los profundos, se han logrado resolver generalmente con responsabilidad política. No es menos cierta la existencia de etapas históricas de gran convulsión social, con regímenes autoritarios y violentos, que agudizaron la confrontación y generaron inseguridad. Pero nunca hubo hechos de violencia extrema, donde especialmente y de manera deliberada, se afectara a población civil.

La resolución de problemas estructurales como la tenencia de la tierra, el acceso a la vivienda urbana, la expansión de emprendimientos, cambió nuestro país y superó parcialmente conflictos sociales, que en América Latina generaron confrontaciones armadas y violencia. Es necesario que continuemos nuestro cauce histórico de ser un territorio de paz, donde se garantice la superación de la pobreza, la inclusión social y la seguridad ciudadana como un pacto social y político, en el cual debemos estar comprometidos todos. La seguridad y la paz son un propósito permanente, que debe ser expuesto como un valor propio de nuestro país.

Amenazas a la Seguridad

Las situaciones de inseguridad y las amenazas que enfrentamos se presentan por: (i) El crimen organizado transnacional, vinculados a los carteles de tráfico de drogas, principalmente de Colombia, Perú y México, con impactos en las provincias fronterizas de Sucumbíos, Carchi, Esmeraldas, Loja y El Oro, así como en las provincias de Manabí y Santo Domingo de los Tsáchilas, contaminando ámbitos importantes de la vida de la comunidad y destruyendo su tejido social. (ii) La delincuencia común, vinculada al secuestro, los asaltos y robos, que afectan a la comunidad. (iii) La violencia intrafamiliar, que afecta principalmente a las mujeres y a los niños. (iv) Los conflictos sociales que al no ser resueltos desembocan en protestas, muchas de ellas legítimas, que afectan el orden público.

Políticas de Seguridad Ciudadana 

La violencia tiene diversidad de factores, las alternativas que se deben impulsar son también múltiples y simultáneas. Es fundamental combatir la violencia y la inseguridad, pero al mismo tiempo, son necesarias medidas prácticas que garanticen a las personas una vida digna.

Es imprescindible combinar estrategias preventivas y represivas, las primeras para que no se extienda el fenómeno de la violencia y la inseguridad, y las segundas para sancionar actos contra la seguridad y la vida de las personas, y que deben ser mapeados y estudiados con rigor y persistencia. La inseguridad y la violencia se presentan con más fuerza donde es débil la presencia del Estado y su grado de credibilidad y legitimidad es bajo. En las zonas abandonadas, carentes de servicios básicos, allí se instalan, desarrollan y fortalecen actividades fuera de la ley.

Cuando estas zonas geográficas son además fronterizas, los fenómenos de violencia se vuelven aún más complejos y ameritan un tipo de intervención integral.

Nuestras propuestas se sintetizan en los siguientes aspectos: (i) Para combatir al crimen organizado es fundamental fortalecer la investigación policial, la inteligencia es fundamental para determinar rutas del tráfico, localización de laboratorios y caletas. Simultáneamente hay que fortalecer los cuerpos de elite como el GIR y el GOE. (ii) Fortalecer a la policía comunitaria, cercana a la comunidad, para la prevención y combate a la delincuencia común; mapeo de las zonas geográficas donde se presentan con más frecuencia los delitos, para un combate eficaz a la delincuencia común y al crimen organizado. (iii) Activa participación de la ciudadanía en la seguridad de cada barrio, recinto, comunidad y en los espacios públicos. (iv) Énfasis en la prevención y resolución de los conflictos sociales y familiares. (v) Fortalecer la policía judicial de investigación científica.

La seguridad ciudadana debe comprometer al conjunto de la sociedad: al gobierno central, a los gobiernos locales, al poder legislativo, al sistema de justicia, a las organizaciones sociales, al sector no gubernamental, a las fuerzas de seguridad y a las familias. Tenemos que construir acuerdos entre todos y enfrentar los principales problemas de seguridad ciudadana, recuperando el imaginario de ser un país de paz.

La seguridad ciudadana y la construcción de una cultura de paz, demanda cuerpos policiales con formación en derechos humanos, en valores democráticos y en participación de la comunidad. La experiencia de la policía comunitaria tiene que fortalecerse, con la misma metodología del médico del barrio, para prevenir el delito, así como el médico previene la enfermedad. El fortalecimiento de la policía debe ser visto desde la formación humana cercana a la comunidad, formando parte de ella. El Estado y sus servicios tienen que ciudadanizarse, fundirse en la comunidad: policía del barrio, médico del barrio, escuela del barrio, juez de paz del barrio.

La seguridad ciudadana tiene que ser comprendida democráticamente, tanto en los gobernantes como en la sociedad. Su dimensión abarca no solamente el combate a la criminalidad, sino la construcción de entornos de seguridad con y para los ciudadanos, democratizando los servicios, garantizando los derechos de los seres humanos, que son los depositarios de la seguridad ciudadana. Un capítulo especial para garantizar la seguridad ciudadana es la comunicación y la educación. Impulsaremos un gran acuerdo nacional con los medios de comunicación, para impulsar una campaña de educación en seguridad ciudadana y cultura de paz, de carácter permanente. Hay que construir una cultura de paz y seguridad ciudadana.