DEMOCRACIA, ESTADO, DERECHOS Y LIBERTADES

La democracia se construye con el diálogo

La construcción de la democracia es un camino y a la vez un fin, hay que vivir la democracia y construirla en un proceso permanente. Es un principio político, filosófico, y convicción, pero también es acción práctica y ejercicio diario. La democracia es un ejercicio permanente que se construye en el diálogo, para hermanar las ideas y los pueblos. El diálogo es un instrumento para la construcción de la democracia en todos los niveles de gobierno, porque facilita el conocimiento del otro. El diálogo enriquece la democracia y la enaltece.

La democracia es esencialmente diálogo, encuentro, es respeto el pensamiento del otro, porque estamos hechos de diversidades geográficas, ambientales, étnicas, culturales, sociales y políticas, que tenemos que aprender a mirarnos y a reconocernos en esas diversidades y en los derechos específicos de sus actores.

La democracia es también división equilibrada de poderes, respeto absoluto a las funciones autónomas del Estado, a los pesos y contrapesos de las instituciones del Ejecutivo, legislativo, judicial, electoral, de control. Pero al mismo tiempo, equilibrio entre el poder del Estado y el poder de la gente, entre el poder del mercado y el poder de las personas y de las organizaciones sociales y políticas.

No es posible la construcción de la democracia, sin independencia de la justicia. Una justicia que no esté al arbitrio del poder político coyuntural, fortalece la institucionalidad a largo plazo y el acceso de las personas a la justicia y al ejercicio de sus derechos humanos.

Estado democrático al servicio de la sociedad y no al revés

Un Estado democrático está en construcción permanente, al servicio de la ciudadanía, al contrario del Estado autoritario que somete a la ciudadanía, la sojuzga y la pervierte. El Ecuador del futuro, será un Estado constitucional de derechos y justicia, social, democrático, soberano, independiente, unitario, intercultural, plurinacional y laico.

Un nuevo tipo de Estado democrático, con división clara de funciones y poderes: ejecutivo, legislativo, judicial, electoral y de control, que sintonizarse con el desarrollo de su población, con el avance de los derechos de sus habitantes, con la posibilidad de construir institucionalidad a largo plazo, que refleje el carácter y la diversidad cultural – territorial, cuyas singularidades no deben ser consideradas como obstáculos, sino como fuerza fundamental de nuestro Ecuador.

Que supere las nociones patriarcales, racistas y excluyentes en el ejercicio del poder. Un Estado Plurinacional, como paso indispensable para pagar una deuda histórica con las nacionalidades y pueblos del Ecuador, un nuevo tipo de Estado inclusivo y con la mirada puesta en la diversidad nos hará dignos.

Recogemos y hacemos nuestros los aportes de las teorías feministas sobre el Estado y ponemos en cuestión al Estado patriarcal, machista y violento, que ejerce poder y dominio sobre las mujeres.

Democracia desde las personas y las organizaciones, de todos los sujetos sociales, que tengan instrumentos oportunos para el ejercicio de derechos, que no es otra cosa que ciudadanizar la política y la gestión del Estado.

Concebimos también al Estado como una entidad que necesita límites en sus atribuciones para administrar la sociedad, de la cual deberán emanar dichos límites y sus procedimientos de control. El Estatismo o el dominio supremo del estado, está en cuestionamiento profundo, lo mismo que la supremacía del mercado. La única supremacía es la de las personas sobre el Estado y el mercado. Así entendemos al Estado Constitucional de Derechos y Justicia, basado en los derechos de las personas y organizaciones, que son finalmente su razón de ser y que muchas veces olvidan los gobernantes.

Los derechos y las libertades son el sumo de la historia humana

Cada derecho conquistado por la sociedad ha sido producto de muchas jornadas de lucha, de ciclos de avances y de retiradas tácticas, de jornadas gloriosas y de episodios trágicos. Ningún derecho ha sido una dádiva de nadie; al contrario, todos los derechos conseguidos por la humanidad, han sido obtenidos como producto de sus luchas individuales y colectivas.

Mientras más derechos y garantías se conquisten, más perfección habrá alcanzado la democracia. A diferencia de las corrientes políticas que cercenan derechos, se califiquen de derechas o de izquierdas, nos definimos como constructores de democracia profunda, donde los derechos de las personas y las colectividades sean lo importante.

Los derechos son el sumo de la historia humana. Cada ser humano que nace es poseedor de todos los derechos alcanzados a lo largo de la historia de la humanidad. Todas estas conquistas se han ido plasmando en declaraciones, pactos y convenciones internacionales, como una suerte de acuerdos que se impuso la humanidad, para evitar las guerras y avanzar en la inclusión social.

América Latina, fue protagonista y estuvo a la vanguardia de estas luchas, colocando su aporte a los derechos humanos de primera, segunda y tercera generación.

Los derechos de primera generación o derechos civiles y políticos, surgieron en la lucha por la democracia en Europa y EEUU, y a raíz de los movimientos independentistas de fines del siglo XVIII; sin embargo, algunos de ellos todavía son una necesidad en varios lugares del planeta y de nuestro país. Los derechos de segunda generación o derechos económicos, sociales y culturales apuntan hacia el bienestar económico, el acceso al trabajo, a la educación y a la cultura, para asegurar el desarrollo de los seres humanos y de los pueblos. Los derechos de tercera generación o Derechos de los Pueblos, contienen una dimensión supranacional: el derecho a la paz y a un medio ambiente sano, a la autodeterminación, a la independencia económica y política, a la identidad nacional y cultural, a la coexistencia pacífica, a la cooperación internacional y regional, a la justicia internacional, al uso de los avances de las ciencias y la tecnología como patrimonio común de la humanidad. La lucha de nuestras organizaciones y pueblos indígenas constituyeron una fuente fundamental para que estos derechos sean consagrados en el seno de Naciones Unidas.

Desde la Declaración Universal de los Derechos del Hombre en 1789 y pasando por la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948), se creó el Sistema Universal de derechos humanos y los sistemas americano, europeo, africano, que contemplan más de 200 tratados internacionales, protocolos, normas del Derecho internacional general, normas consuetudinarias y principios generales, que son instrumentos para supervisar el accionar de los Estados miembros en cuanto a los derechos humanos de las personas.

Las imperfecciones de los Estados se resuelven ampliando y profundizando los derechos y no conculcándolos o limitándolos. Por lo tanto, para nosotros jamás existirá lo que se denominó como “hipergarantismo”, que es un cliché y un eufemismo para disimular posturas propias de regímenes autoritarios.

Los derechos están íntimamente ligados a las libertades. La población ecuatoriana ha tenido una tradición libertaria. Hemos luchado por la justicia social, por achicar las enormes desigualdades, por construir equidad en un entorno de solidaridad, inclusión y sobre todo de libertad. Estamos profundamente convencidos de la defensa de las libertades de las personas y las colectividades, sin pretextos como supuestos ideales superiores para recortarlas y limitarlas. Nuestra propuesta 2030 es la construcción de una democracia económica, social, cultural, de justicia, política, que recoja lo mejor de nuestras diversidades, que recupere el carácter laico, democrático, respetuoso del otro, garante de las creencias y la religiosidad de todos.

La libertad de expresión, pensamiento, asociación, circulación, movilización y protesta, tienen que estar plenamente garantizadas en un Estado Constitucional de Derechos y Justicia. Por sobre cualquier consideración jurídica, política, económica o social, debe estar la libertad de las personas y las colectividades.

En la última década, el régimen y la administración estatal de corte autoritario, reprimió y encarceló a las personas por pensar distinto o por vivir distinto. Su rasgo típico fue una implacable persecución, utilizando al Estado, manipulando a su antojo el sistema de justicia y utilizando figuras legales absurdas como aquellas de confundir protesta social con terrorismo, asociación ilícita, atentar contra la seguridad del Estado, para castigar con prisión a las personas que se atrevieron a protestar.

En síntesis, un estado democrático solo es posible con una sociedad civil fuerte, por lo tanto, es urgente superar la imposición en la última década, de un régimen de representación corrupto que sustituyó la participación e impuso la cooptación, la clientela y la obediencia.